Montañas del Sol

Desde la época del mismísimo Whymper, Ecuador es un territorio muy apreciado por los montañeros. Su grandiosa “avenida de los volcanes”, la amabilidad de su gente y la estabilidad del país permiten moverse de pico a pico y disfrutar tambien de todo el viaje. Hace unos años, allá en 2.001, yo pude ya conocerlo de primera mano y subir al Cotopaxi, entonces en sólo.

Ahora, en 2.006, Jacobo y yo pudimos disfrutar ( y padecer a veces) con otras 3 bonitas ascensiones que podemos resumir asi:

Rumiñahui (4634 m) : En el parque nacional del Cotopaxi, hay un paraje idílico donde pastan manadas de caballos salvajes junto a una hermosa laguna. Aquí, a 3.800 metros de altura parte la ascensión a este pico. Es una ruta de 3-5 horas a cumbre, que incluye unas trepadas finales delicadas. Por todo ello, un clásico para aclimatar antes de atacar otros “monstruos”. En nuestro caso, subimos sin material de escalada, si bien coincidimos con un guía ecuatoriano cuya cordada con suizos iba encordada, con arneses y cascos. Como siempre en el monte, mejor pasarse que quedarse corto, aunque nosotros pudimos disfrutar mucho y bien la ascensión, la cima y unos magníficos panoramas de toda la región del Cotopaxi

Chimborazo (6.300 m) : La mayor cumbre del Ecuador, y el punto más cercano de la Tierra al Sol. De hecho, al subir casi en el solsticio de verano, coincidimos con varios chamanes , gurús y demás…que nos animaron en nuestro intento!
La ruta normal no estaba en condiciones este año, por lo que optamos por la clásica “Whymper”. En mejor estado, pero aun así más dura, y tambien con peligro de caídas de seracs a partir de 5.500m . En nuestro caso, intentamos la ascensión apenas una semana tras salir de Madrid, lo que al final demostró no ser buena idea. El estómago de jacobo no estuvo en condiciones el día de ataque a cima, obligándolo a quedarse en el refugio. Yo sí pude salir, formando cordada con Julio, el refugiero de 24 años que pese a llevar allí 5 años aún no había podido ascender la Whymper.
Para evitar el riesgo bajo los seracs, Julio y yo optamos por salir directos a medianoche y tirar toooooodo directo por la arista y más allá, buscando una ascensión recta de la arista hasta la cumbre, incluidas varias secciones de escalada en hielo. Julio, como refugiero, estaba físicamente más que fuerte, pero técnicamente no estaba muy baqueteado, por lo que optamos por que el liderara todos los tramos “clásicos” y yo abriera los corredores y canales más técnicos, y así tiramos para arriba.
Al final, aunque el reparto de tareas funcióno redondo, la ruta elegida demostró ser demasiado dura y vertical para la semana de aclimatación que yo llevaba. Tras unas 5 horas subiendo llegamos ya a 5.900 m, bajo el casquete somital. Sin embargo, estaba ya tan vacío de fuerza que era más prudente encarar la vuelta guardando algo de energía pues el descenso de la arista y su caparazón de hielo negro tenía tambien mucho riesgo.
Y parece que fue buena idea pues tuvimos un susto importante por resbalón mío sobre el hielo en el descenso de un corredor vertical. Con eso y con todo, con los primeros rayos del sol llegamos de vuelta al Refugio sanos, salvos y muuuuy cansados.

Guagua Pichincha (4.794 m): La montaña guardiana de Quito. Para Jacobo y para mí, un delicioso postre para dejarnos buen sabor de boca en nuestra despedida.
eso sí, es bueno estar aclimatado pues la ascensión tiene un desnivel muy brusco.
Primero pasas de los 3.000 m de Quito a los 4.100 m del teleférico al estilo alpino que te deja al inicio de la ascensión. Algo curioso: Obligatoria la firma previa de documento exonerando de responsabilidad al teleférico por loo que te pase al intentar subir…
De allí, bonita ascensión por suaves crestas con grandesw vistas de Quito hasta los 4.500m aprox, donde empiezan ya las pendientes que acaban tambien en trepada entre las descompuestas rocas volcánicas.
Eso sí, gran vista desde la cumbre, con Quito y toda la avenida de los volcanes desplegada: Illinizas, Cotopaxi, Rumiñahui y hasta el mismo Chimborazo a la vista casi 200 km mas allá.

Bonitas Montañas del Sol, aunque en este caso nos dejaran un sabor agridulce: Por un lado, las muy bonitas y disfrutonas ascensiones al Rumi y al Pichincha. Por otro, no haber podido coronar el Chimbo…pero en fin, las montañas siguen allí, y solo es cuestión de querer volver a ellas.

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