Barranquismo entre volcanes

Una vez bajados de las montañas del sol y de vuelta a la civilización, decidimos aprovechar la ocasión de hacer barrancos que nos brindaba la zona de Baños de Ambato.
Baños es una pequeña y agradable ciudad entre la selva y la montaña ecuatorianas, famosa por sus siete grandes baños termales, sus enormes cascadas y gorgas…y por las continuas erupciones de su más famoso vecino, el volcán Tungurahua.

Y allá que nos fuimos, rumbo al más duro de los barrancos de la zona, el barranco de San Jorge, en la conocida como “Ruta de las cascadas”.
La ruta de acceso por sí misma es un lujo: selva cerrada subiendo por las faldas de la montaña, el volcán bien activo dominando el panorama, grandes quebradas que vuelcan chorros de agua enormes al cauce central del valle…
En particular, nos llamó la atención ingenioso método usado para cruzar los enormes cauces y quebradas de la zona, las “tarabitas”. Una tarabita es una pequeña barquilla metálica abierta, que colgada de un cable va y viene a gran velocidad de un lado a otro del río a más de 100 metros del suelo. Nosotros mismos cruzamos en la primera tarabita que se instaló en Ecuador, en 1.931.
Una experiencia espectacular, por lo bonita y por la impresión que causa el vuelo colgado.

La entrada al barranco estaba a la altura de la aproximación. Media hora de trepar por la selva, colgándonos incluso de las lianas o las raíces de los árboles para remontar los 200m. de desnivel del barranco.
La entrada al cauce se agradece, empapados por el esfuerzo y el calor húmedo, y nos metemos en unas idílicas pozas entre la foresta.
El descenso en sí, sin ser peligroso en ningun momento, sí exige cierta soltura y experiencia. La primera mitad son una serie de 4 pequeñas cascadas de 5 a 15 metros, casi encadenadas y bastante abiertas. Sencillas, y muy utiles para soltarse en ese terreno de suelo muy resbaladizo.

Lo más destacado del barranco es la caída final, que empalma uno tras otro 3 grandes rapeles de 40, 50 y 60 metros. Cada rapel parte de un buen balcón natural con grandes vistas al fondo del valle. La guinda final es la famosa “Cascada de San Jorge” que da su nombre al descenso. Fantástico !

Claro, sí esperais anclajes “europeos” estais muy equivocados: Los anclajes aun son casi en exclusiva naturales, con cualquier arbol de la selva que se precie y los guías locales ni siquiera usan cinta plana, sino que pasan directa la cuerda de rapel sobre el tronco (¡!) Tambien es muy normal que usen cuerdas dinámicas en el descenso, aun de los rapeles más largos. Otro estilo, sin duda.

Tras el barranco, un paseo en tarabita y una visita a los baños termales son algunos de los lujos que ofrece Baños de Ambato como premio al barranquista ecuatorial🙂

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